En la cocina, dos elementos se alzan con fervor,
La olla a presión y la olla a fuego lento en su labor.
Una, impaciente, con vapor que ansía escapar,
La otra, silenciosa, dejando que el tiempo fluya al andar.
La olla a presión, como el corazón impetuoso,
Con su vapor contenido, un frenesí sabroso.
Con rapidez cocina, en un baile de calor,
Sus sabores aprisionados, libera con fervor.
Más la olla a fuego lento, como un poema suave,
Va tejiendo aromas, con paciencia en su clave.
Cada ingrediente, en un ritmo pausado,
Libera su esencia, en un guiso bien sazonado.
La olla a presión, en su afán de velocidad,
Nos brinda platos rápidos, en la vorágine de la ciudad.
La olla a fuego lento, en su calma serena,
Nos regala sabores de antojos sin penas.
Así sin receta, nuestros sabores contrastan,
En sus formas y ritmos, las sinergias que alcanzan.
Ya al final del día, en la mesa servida,
Ambas nos deleitan, con su magia compartida.
