
En la vida nos despertaremos con días grises, nebulosos, nublados en pensamiento, pero si uno trata de ver bien, de enfocar mejor la mirada, hay montaña, hay verde, y a pesar de que hay casas ya colonizando la montaña, aún las montañas están ahí majestuosas acompañándonos. Todavía no las hemos tapizado con nuestras cosas y ruidos.
Más allá hay también palmeras, y aquí cerca hay un tacho de basura, con bolsas para que la gente recoja la caca de sus perros, y al ver este piso limpio, se puede pensar que sí hay gente que recoge, que sí hay gente que lee, que reacciona, manos que barren, para que los caminantes puedan deambular tranquilos sin pisar desperdicios.
También se ven avisos, en letras rojas, grandes, y que quizás brinden algo de contaminación visual al paisaje, son letreros que alertan peligros, en español, en inglés, no traspase, zona peligrosa, 10,000 dólares de multa, para que todos podamos entender, y actuar. Así es como la vida, que nos avisa siempre, nos alerta, nos muestra señales de múltiples maneras, y sólo debemos estar atentos, mirar lejos, mirar alto, mirar de cerca y sencillamente agradecer por estar, por ver los cambios. Si se tiene paciencia, la naturaleza va a correr esas nubes y en algún momento saldrá el sol, ese que calienta, que vitaminiza, que nos ayuda a creer en nuevos y mejores días. Cada día algo brinda, cada nube levemente no deja ver lo que está ahí, eso que siempre está. Como esa montaña, refugio de fortaleza y horizontes.