Del vacío de panza al vacío de espíritu, no hay más que un pedazo de esperanza desmoronado y masticado por la maldad.

¿Quién dijo que los pobres no tenemos derecho a soñar?
Yo duermo y cuando sueño, no sueño con riquezas ni mundos mejores, ni almohadas blandas; sueño a no tener miedo de morir solo. A que la noche se baje y me aplaste contra el pavimento dejando un hueco más en las calles. Porque la he visto. He visto cómo con su manto de estrellas envuelve a los desamparados y los lanza con fuerza a la calle y se ríe, mientras los cuerpos se desploman dejando agujeros imposibles de evitar por la manada de automóviles, que transitan en esta ciudad indolente.
