Culpable o Inocente

¿No hay intermedios aquí? 𝌗

En la vida he amado tantas veces y de tantas maneras, según se acomodan los recuerdos.

La certeza de que alguna vez hubo un primer despertar, un único amor que partió la experiencia de amar en dos partes: ese amor que mi mente estableció como un antes de Él y después de Él, algo así como la iglesia hizo con el A.C. y el D.C. Yo me enamoré, me partí el corazón, me lo remendé y seguí así, remendada.

No lo culpé, pues sé que él también me quiso, a su manera.

Nos casamos, compramos un apartamento, y en medio del proceso de remodelación, él encontró otro amor. A mí me costó verlo. Lo supe de una manera que nunca se dice, solo se intuye. Antes de que yo descubriera a esa otra mujer, él me había pedido que “congeláramos” la relación, como si el amor fuera algo que se pudiera guardar en un frasco para abrirlo después, cuando “las cosas se aclararen”. “Miremos a ver qué pasa”, me dijo.

“La vida no es blanca o negra”, agregó. “Hay tonos de gris en el medio”.

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Y yo traté de vivir en ese gris, de acomodarme en esa tonalidad que nunca fue completamente incómoda ni completamente cálida. El gris, con el tiempo, se convirtió en mi color favorito. Pasé del ropero lleno de colores vibrantes a una paleta de matices grises, esos que no duelen, pero tampoco emocionan.

Pasamos una década siendo y no siendo. Nos divorciamos en papeles, pero seguimos cogiendo. Nos dedicamos poemas, canciones, sin títulos, sin dueño. Nos diluimos de amor en el aire, indefiniéndonos.

Cuando él se convirtió en padre de una de sus tantas flores, yo tomé vuelo para emprender otros horizontes. Decidí volver a enamorarme. Y encontré a alguien, un hombre Géminis. Un día parecía que lo conocía desde siempre, y al siguiente, ya no.

Fue un amor aterrizado, sostenido en el gris al que ya me había acostumbrado. Nos casamos, compramos una casa y tuvimos un hijo.
Yo me entregué al rol de mujer del hogar, dejando mi carrera de lado. Seguí los consejos de Pinterest para decorar la casa, hacer recetas complejas con muchas ollas e invitar a fiestas y piñatas. Lejos de mi familia, de mis raíces, pero no de la idea del amor idílico. Construí una familia siguiendo el modelo de Disney, cuando se encuentra al príncipe encantado. 

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El príncipe también se enamoró de mí, como un niño. Fuimos dos compañeros de preescolar que decidieron jugar a la casita y a la familia.

Cuando la vida nos mostró todos sus dientes y garras, los monstruos se apoderaron de nuestra casa y de nuestros bienes. Cada uno se metió debajo de la cama, esperando a que vinieran los grandes a salvarnos.
Nadie llegó.
Salimos como pudimos, a tientas, a enfrentar lo que quedaba de nosotros mismos.
Dejar todo ahí o continuar.
Decidimos dejarlo ahí.
Él me culpó a mí por haberme rendido.
Yo lo culpé a él por no haber crecido.
Culpables o inocentes.
Ser responsables o hacernos cargo.
A cargo de la casa,
De la cocina,
De mi marido,
De la aprobación de los suegros,
De crear nuevas amistades en un país ajeno,
De la crianza de un hijo,
De mí… se me olvidó estar a cargo de mí.

Ya he estado en suficientes terapias como para saber que este listado no es una carta a Santa Claus o al Niño Jesús, esperando que me traigan muchos regalos en el nuevo año. Yo me porté bien, tal y como la sociedad me enseñó que lo hiciera, tal como fui criada.
Pero “ser buena” tiene tantos matices que hasta el gris parece un violeta claro, ese tono justo antes del anochecer.

Cuando ya todos duermen, para unas, la oscuridad otorga el merecido descanso, la plenitud del sueño. Mientras que para otras, significa la luz, la oportunidad de crear en silencio. Entonces no se trata de encontrar el color exacto de los opuestos, ni de señalar culpables. Se trata, más bien, de hacerse cargo.
Soy responsable de mí. Me cuido, me hago cargo de mis anacronismos; vos hacete cargo de los tuyos, y nos acompañamos en ese proceso. De seguro, nuevos colores aparecerán cuando nos juntemos.

¿Conoces la historia del YInMn Blue?


Fue descubierto accidentalmente en el año 2009 por un equipo de científicos liderado por Mas Subramanian en la Universidad Estatal de Oregón. Estaban trabajando con materiales para crear nuevos compuestos más eficientes en la electrónica cuando, por accidente, crearon un pigmento con un azul vibrante y completamente nuevo. El color fue el resultado de una combinación de titanio, indio y manganeso (de ahí el nombre “YInMn”).

Este color es notable no solo por su tonalidad, un azul brillante e intenso, sino también por sus características físicas: es extremadamente duradero y resistente al calor, lo que lo hace ideal para muchas aplicaciones industriales, desde pintura hasta cerámica. Además, tiene una inusual capacidad para resistir la degradación por la luz, lo que lo hace perdurable. 

¡Oh, perdurable! Qué bonito un color que refleje ese sentimiento…

No todo está creado, ni dicho. Hay tanto por descubrir. Solo hay que dejar de señalar, de hurgar, y empezar a usar esos dedos índices como pinceles para colorear lo que se hace a diario. Ponerle color al día, según como te vas sintiendo, transformando, siendo. Y en el hacer del ser, se va creando una nueva paleta de colores, hecha a la medida, personalizada.

2 thoughts on “Culpable o Inocente

    1. ¡Muchísimas gracias! Me alegra mucho que te haya gustado 😊. La verdad es que es un verdadero placer poder compartir estas palabras…y que las leas…y que las disfrutes😀

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