Ilumíname sin quemarme

Ilumíname sin quemarme,
le pedí a la vela encendida,
al pensamiento de tranquilidad
que quería sacarme del apuro
del correr de los días.

Respiran calma,
para que la vela no se apague.

Ilumíname sin quemarme,
le pedí a mi maestro.
Descúbreme,
pero no te quedes reafirmando lo que digo,
ni exaltando lo que ya sabes de mí.

Guíame sin quemarme,
le dije al reloj.
Dame las horas;
quiero creer que no son necesarios los recordatorios,
las alarmas de una hora antes
o de los cinco minutos previos al evento.

Quiero creer
en mi reloj biológico, en mi reloj mental;
que el cuerpo me avise cuando, yendo, voy tarde
o cuando he llegado muy temprano.

No quiero ir solamente a tiempo,
ni solamente en mi tiempo.
Existe ese momento justo
para quien espera
y para quien va.

Ilumíname sin quemarme,
le pedí a la caldera,
queriendo replicar las recetas
de tantas mujeres que antes de mí
también tuvieron otras maestras.

A veces jugamos a ser mamás,
a ser cocineras,
para alimentar infancias
de futuros cocineros.

El tiempo se cuece a fuego lento,
para que nos iluminemos todos,
sin quemarnos los unos a los otros.

Ilumíname sin quemarme,
firmamento oscuro y sabio,
para convertirme en polvo no tiznado,
libre, ligero,
que allá en lo alto
se vuelve estrella.

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