
Su nacimiento fue una profecía.
Los oráculos del mar habían anunciado que, cuando un rayo atravesara la piel del océano sin morir, surgiría un ser capaz de dominar las corrientes, un jinete diminuto con el poder de cambiar el destino de los mares.

Ese ser fue Briomar. Su melena era una llama líquida, sus ojos, dos astros azules y su galope, un trueno silencioso que hacía vibrar incluso a las criaturas abisales.
En el abismo más antiguo dormía Rencor, un titán hecho de oscuridad pura, nacido antes de la luz.
Cuando despertó, comenzó a devorar las corrientes, convirtiendo mares enteros en aguas inmóviles, muertas, sin vida.
Los dioses no podían entrar en el abismo sin perder su esencia.
Los humanos no podían descender sin ser aplastados por la presión.
Solo un ser nacido entre dos mundos podía hacerlo.
Briomar.
Antes de enfrentar al titán, Briomar convocó a las criaturas legendarias:
- La Tortuga de los mil años, que cargaba islas sobre su caparazón.
- El Coloso de la luz, serpiente que iluminaba los océanos con su piel.
- Los Hipocampos de tempestad, hijos de Poseidón, que galopaban sobre olas gigantes.
- El Dragón de coral, guardián de los arrecifes eternos.
Cada uno le entregó un don:
- Serenidad en medio de la tormenta
- Luz y movimiento para atravesar la oscuridad
- Fuerza de decisión para romper remolinos
- Corazón para resistir el miedo
Briomar descendió a la grieta donde Rencor devoraba las corrientes.
El titán era tan grande que su sombra podía cubrir un océano entero.
La batalla duró tres días y tres noches:
Briomar galopó sobre torbellinos como si fueran caminos.
Rencor lanzó tentáculos de sombra que podían partir montañas.
Las corrientes chocaban en guerra de ejércitos
El mar rugía como un dios herido.
Cuando todo parecía perdido, Briomar recordó el don más poderoso:
La presencia en movimiento. Mantenerse fuerte y flexible en medio de todos los cambios.
Con un último galope, se lanzó directo al pecho del titán y clavó en él el corazón de coral, que latía con la fuerza de todos los mares vivos.
Rencor se deshizo en espuma negra.
La grieta se cerró.
Las corrientes volvieron a fluir.
Desde entonces, Briomar no es solo un guardián:
es el héroe que salvó el océano.
Los marineros dicen que, cuando una corriente cambia de dirección sin motivo, es porque Briomar está galopando cerca, vigilando que ninguna sombra quieta vuelva a despertar.
Y si alguna noche ves una línea azul cruzar el agua como un relámpago silencioso, recuerda:
Es el galopar de un héroe.
Así comienza el Año Solar del Caballo de Fuego: con la memoria de un héroe que nos recuerda que incluso lo más pequeño puede cambiar el destino del mundo.

Nota de la Autora:
En este nuevo ciclo, marcado por el Año Solar del Caballo de Fuego bajo eclipse, los mitos*despiertos en nosotros* surgen para recordarnos que cada criatura, por pequeña que parezca, guarda un don que sostiene la vida. El fuego del caballo simboliza la fuerza, la pasión y el movimiento; el eclipse, la transición y el misterio. Hoy, al contemplar las formas que la naturaleza nos ofrece (troncos que parecen esculturas) nace la necesidad de contar historias que unan lo humano con lo divino, lo visible con lo invisible.
Así celebramos este inicio de año: con la creación de un mito que nos recuerde que el océano, el viento y la luz siguen hablando a quienes saben escuchar.