Últimamente me he sentido bastante estúpida. La falta de seguridad en lo que siento me lleva a tomar decisiones impulsivas, erráticas. Mas sigo caminando sobre este piso de hojas secas, que, coloridas, tapizan las calles, andenes, huecos y alcantarillas. Todo parece más bello en la superficie, hasta que caes y te rompes el tobillo.
Cojeando, titubeando, intentando recordar cómo era el camino sin las hojas para no tropezar de nuevo. A veces pienso que sería mejor detenerme, pero no lo hago. La tentación de ceder es fuerte, pero el miedo de quedarme estancada lo es aún más.
Detenerse sin pensar, sin sentir, es estancarse.
He caminado este camino tantas veces, que ya debería saber por dónde ir, qué esquivar, a dónde saltar. Si tan solo escuchara atenta el crujido de las hojas, reconociendo mi peso, tanteando antes de dar el paso firme. Me hablaría bonito.
Últimamente me he sentido bastante tupida, llena de hojas coloridas como la calle, que tapa sus huecos con decoro. Me invita a recorrerla, en un juego interminable de conservación y tropiezos, sintiéndolo todo.