El merecimiento: una reflexión sobre la justicia, la congruencia y la generosidad

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A lo largo de mi vida, he reflexionado sobre el concepto de “lo merecido”, y cada vez llegan conclusiones más complejas y matizadas.

Al principio, veía el merecimiento como algo directo: si me esfuerzo lo suficiente, entonces merezco una recompensa. Sin embargo, con el paso del tiempo, mis experiencias y observaciones, me han llevado a entender que el merecimiento no es tan simple. La verdadera cuestión no es si “me lo merezco”, sino cómo vivo mi vida y qué acciones están alineadas con mis valores más profundos.

Una ocasión que marcó un cambio en mi visión sobre el merecimiento ocurrió cuando un grupo de amigas vino a mi casa. Después de una reunión, noté que faltaba dinero de un bolso. Al confrontarlas, todas negaron haberlo tomado, lo que quedó en el aire fue que no había “necesidad” alguna de robar. Esto hizo preguntarme: ¿por qué robar si no es por necesidad?

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Aquí va una reflexión que comenzó a revelarse: no siempre robamos por necesidad; algunas personas lo hacen por manía (como en el caso de la cleptomanía), otras por una distorsión de lo que creen merecer. En muchos casos, las personas sienten que tienen derecho a lo que no les pertenece, justificando sus actos con la creencia de que el mundo es injusto.

Cada ser humano guarda razones dentro de sí, como el haber sido invisible, ser la persona a la que siempre le daban lo de segunda mano, o la que, por alguna razón, parece estar destinada a recibir lo que sobra. Es un desquite con el mundo exterior, un acto de revancha frente a lo que perciben como injusticia. En lo colectivo, surgen las comparaciones mezquinas y las creencias que deforman la noble idea del mérito. Por eso, sienten que “se lo merecen”, ya sea por sus esfuerzos no reconocidos o por las circunstancias que los han marcado.

Este tipo de justificación me recordó situaciones en entornos laborales, como en Microsoft, donde los empleados tenían acceso gratuito a artículos de oficina: cuadernos, bebidas y snacks. Sin embargo, muchos no solo tomaban lo necesario, sino que se llevaban más a sus casas, justificándose con el argumento de que, al ser gratis y tras mucho esfuerzo en su trabajo, “se lo merecían”. “A esa empresa le sobra”, decían. En estos casos, el concepto de merecer no solo corrompe el valor de los objetos, sino que refleja cómo nuestra relación con lo que creemos que nos pertenece se desvanece cuando no hay un marco ético que lo guíe. Y aquí surge también, qué es suficiente y qué no.

Algo similar he observado en Costco, el gran supermercado, donde algunas personas aprovechan las muestras gratuitas en los pasillos. Mientras que algunos simplemente prueban un bocado, otros dan vuelta una y otra vez, tomando más de lo ofrecido. Y su justificación es: “Yo pago mis impuestos, pago la membresía anual, gasto mucho dinero aquí, así que tengo derecho a tomar lo que sea”. Esta mentalidad, de sentirse con derecho a algo por una contribución (económica o de otro tipo), refleja una desconección ética del sentido colectivo.

Entonces, ¿cómo se justifica el merecimiento cuando sentimos que tenemos derecho a algo que no nos pertenece?

¿Cuál es la noción de bien común? un concepto que no se refiere a un “bien único” para todos, sino a un conjunto de bienes comunes adaptados a las diversas necesidades, traumas o anhelos de cada persona.

¿Y, cómo se regula eso? si la voz interna de hacer lo correcto, es diferente para para cada quién…

Aquí recuerdo una frase atribuida a Maquiavelo: “El fin justifica los medios”.

Esta idea, que a lo largo de la historia ha defendido acciones moralmente cuestionables, si no, preguntémosle a Robin Hood, que robaba a los ricos para dar a los pobres, entonces: ¿realmente la causa justifica la acción? ¿Es legítimo tomar lo que no nos pertenece, aunque nuestras intenciones sean nobles?

En línea con el merecer, mis ancestros repetían “hacer el bien sin mirar a quién” como una guía fundamental. Actuar de manera compasiva, sin esperar recompensa alguna, en un acto de verdadera generosidad.

Entonces, el merecimiento deja de ser un intercambio material, un trueque, y se convierte en una acción íntegra, donde la generosidad no se mide por lo que se recibe, sino por la virtud de dar.

Después del juicio, el perdón y el crecimiento… y una serie de robos a cuestas, he llegado a comprender que no “merecí” ser robada por ser desorganizada o desprendida. De hecho, cada vez que algo se ha perdido, la vida me ha recompensado de alguna manera. En lugar de aprender a desconfiar o a guardar todo en una caja fuerte, siento que se quedan, permanecen, las personas que buscan lo mismo que yo: una vibración positiva, una energía de gratitud en la vida, sin arrebatos.

Así, el merecimiento no es simplemente una compensación por el esfuerzo, sino un resultado natural de vivir conforme a los principios y valores que uno abraza.

Y si “el vivo vive del bobo”, entonces existen las “meriendas“, de la misma raíz que el “merecer”, en donde los vivos y los bobos se encuentran y se comparten. Los unos se entregan y los otros se llevan, no lo que merecen, sino lo que son.

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8 thoughts on “El merecimiento: una reflexión sobre la justicia, la congruencia y la generosidad

      1. “And in the end
        The love you take
        Is equal to the love you make” –John Lennon/Paul McCartney

        Such a beautiful post! thank you for sharing!

    1. Ashley: You make a very valid point. The rapid pace of technological advancement often creates a sense of disconnection from what truly matters, our relationships, our communities, and the natural world around us. It’s easy to get lost in the digital noise and forget that the “real world” thrives on empathy, connection, and shared values. If only everything were used more mindfully! It’s a delicate balance, but I believe we can still find ways to reconnect with the common good. Thank you for your insightful perspective, it’s a reminder we all need. 🙏 Also, thank you for sharing the bluejay post! What a beautiful tribute to remember a kind person.

      1. Dear Pat, just taking this brief moment, to wish you a very happy, healthy and connected New Year! Sending warm wishes and hugs from a very windy Northern Ireland. 🤗 Some apples from the Orchard County 🍎🍏🍎🍏

      2. Thank you so much for the warm wishes and apples! 🍎🍏💕 Wishing you a wonderful New Year filled with love and joy as well!
        I’m a little worried about the fires around here in CA though, the air quality has been pretty bad lately, but I’m staying safe. I wish you good in Northern Ireland, and that the wind isn’t too wild for you! Sending hugs right back!

  1. A well thought out post! I still believe in the common good, although I have heard academic professors complain that it is dying, but it has been dying for a long time. I think people just need to be reminded that things have a greater effect beyond themselves that they are part of both human and natural ecosystems. Josh and I were talking on a similar topic last night and he shared the quote, “Character is what you are in the dark.” By Dwight L. Moody. Meaning we are our true selves when no one is watching (or when we think no one is watching.)

    1. Thank you Melanie for sharing such a thoughtful reflection! I completely agree, while the common good may seem to be fading in some circles, it’s important to remember that its essence has always been a part of us, even if not always visible. Your point about the interconnectedness of humans and the natural world is crucial; we’re all part of a much bigger system, and our actions resonate far beyond our immediate surroundings. I love the quote from Dwight L. Moody! It’s a beautiful reminder for all of us to strive to be better or do good, no matter the circumstances. Love, P.

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