Amar con (déficit de) atención.

Mi aAmor,
Hola. Bueno, en realidad no sé si decirte “mi amor” porque suena demasiado (intenso, posesivo, común) obvio. Pero ya lo puse. Hola.
Hoy me senté a escribirte sin saber por dónde empezar… me distraje tres veces antes de llegar a esta línea. La ventana. Los gatos de la vecina. Y que se me olvidó si había dejado el gas encendido. Pero ahora sí: tú.
Tú me (desbordas) animas. Literalmente, a veces se me caen los pensamientos cuando intento escribirte. A veces intento describirte y me doy cuenta que las palabras no me alcanzan, (ni las cursis, ni las profundas demasiado reveladoras), ni las robadas de canciones de Emilio José “ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio, contigo porque me matas sin ti porque yo me muero” ni las de Sabina ¨y morirme contigo si te matas¨ pues me parecen una opción (drástica, dramática, absurda) absolutamente poética.
Pero igual lo intento. Porque me importas (aunque a ratos siento que me exportas, siempre llevándome a algún lugar lejos de mí). Y cuando te pienso, todo se vuelve más claro. (O más confuso). Bueno, a veces más confuso. Pero con mariposas. (No reales, ni de miedo, sino de esas que revoletean por dentro y sacuden las emociones).
Eres tan (intensa) profunda, tan (terca) auténtica, tan (fría) protectora de tus emociones. Y cuando confías… cuando te entregas, eres puro fuego. (Tipo volcán activo. Nivel lava. Nivel derretimiento. Nivel “dónde dejé el extintor emocional”. Me quemas.)
Tu risa, esa risa (escandalosa) desbordante, es mi lugar (busco mi lugar favorito, donde ausentarme del ruido). Me he sorprendido esperando el momento del día en que la escuche (para esconderme, y refugiarme) Es como si de pronto todo (no) tuviera sentido. (aunque a veces no entienda el chiste y ría por reflejo).
Confieso que al principio pensé que eras (complicada) demasiado para mí, y ahora entiendo que simplemente no das tu mundo a cualquiera. Que eliges con cuidado. Que tienes el corazón como una caja fuerte japonesa: elegante, precisa y con instrucciones en un idioma que no domino. Pero me esfuerzo.
Yo, que suelo ser (impulsivo) exagerado, he aprendido a esperar contigo. A escuchar más despacio. A mirar con más ternura. A revisar tus mensajes cinco veces antes de responder con el emoji correcto y no con un aguacate llorando (accidente real).
Y aunque no siempre lo diga con flores o frases tiernas (porque a veces soy más torpe de lo que me gustaría), quiero que sepas que te pienso (A cada rato. Bueno, bastante.) mucho más de lo que quisiera. No sé. (Me distraje. ¿Qué estaba diciendo? Ah sí, tú).
Me traes a este presente (sobretodo) cuando me da miedo que no se entienda esto que me pasa por dentro cuando te veo olvidando tus llaves, otra vez, y me haces reír (porque me identifico).
Gracias por dejarme conocerte. Por mostrarme tu forma única de ver el mundo. Gracias incluso por tus silencios. Porque también ahí, en lo que no dices, hay un idioma nuevo que intento aprender. A veces fallo. A veces traduzco mal. A veces me quedo colgado en una idea que no termino, pero lo sigo intentando.
(Cuando te digo que) te quiero (¿estamos hablando el mismo idioma?, ¿cómo lo traduces tú, en dónde lo sientes?, ¿en qué momentos lo sientes?)
Aquel atardecer que me dijiste que me querías por primera vez, lo sentí alineado, habíamos tomado un buen café, hablado y escuchado conscientemente lo trasncurrido en el día de cada uno, nos hicimos preguntas profundas de lo hablado en ese instante, hacía frío y me abrazaste, yo te había dado mi chaqueta. Complemento, eso fuimos aquella tarde. Recuerdo que querías irte, tenías planes con amigos, pero elegiste estar, quedarte cuando el sol se puso y te miré a los ojos, me elegiste ahí. Y yo te elegí desde que me contaste la historia de tus cicatrices, y me has permitido besarlas y honrarlas en silencio por tus valentías. Sé que ese te quiero vino de adentro, porque te quedaste y estuviste ahí, sin prisa, sin remordimiento. Sin preguntarme por qué va a pasar después o mañana, o la semana entrante, sólo ahí, sin remolinos internos. Y no hizo falta que escucharas que te dijera y yo te quiero a ti, porque lo supiste también. No es necesario agregar aquí entonces letras de canciones o poemas que traduzcan o hagan eco, no hay símiles. Ya tenemos nuestra propia historia, y es ese te quiero el que sentí adentro, y afuera, y ese te quiero el que siento aquí hoy.
Atentamente Tu(yo),
Yo.
P.D. Si después de todo esto no queda claro lo que siento… no te preocupes. Aún lo sigo descubriendo.

Qué carta tan hermosa y genuina. Transmite ternura, humor y profundidad a la vez. Se siente viva, real, como un amor que se descubre mientras se escribe. Gracias por compartir algo tan sincero y humano.
iGracias por tu lectura y tus palabras Lincol! Me anima a seguir compartiendo y escribiendo desde adentro (: