…En el piso de la zona de la piscina. Le escribo aquí, y le dejo la foto, por si la anda buscando.

Mientras la fotografiaba pensé en lo que es: plástico. Acrílico, resina o gel, y pegamento. Nada que la naturaleza sepa digerir.
Y entonces me puse a imaginar.
Menos mal cayó en el piso. Si hubiera caído al agua mientras un niño aprende a nadar, una atragantada de más y tendríamos un susto grande. Si hubiera terminado en el mar, algún pez podría confundirla con comida. Y si en una cocina cae sobre una ensalada, o peor, en la masa de unas galletas, prefiero no imaginar cómo sería ese plástico derretido en el horno. Por eso, si va a cocinar, use guantes, y, sobre todo, revise que todas sus uñas sigan en su lugar.
Lo más serio es lo que no se ve. Una uña sola parece nada, pero si cada una que se desprende se queda donde cae, el sol y el pavimento la van deshaciendo en pedacitos de plástico cada vez más pequeños que nunca desaparecen. Se convierten en residuos que permanecen en el ambiente y pueden contribuir a la contaminación por microplásticos.
Así que, tranquila: la recogí. Y no, no la dejé para que viniera por ella. Si yo fuera usted, tampoco me atrevería a reclamarla. A mí también me daría vergüenza.
La envolví y la tiré a la basura ordinaria, no al reciclaje, porque no es biodegradable y no se puede reciclar.