Libertad condicional

Las palabras

¨Qué bello es Japón en primavera”.

“Sus flores parecen de mentira, parecen de papel”.

Y en el instante en que decimos eso, dejamos de ver las flores que están ahí, frente a nosotros.

Nos vamos hacia la analogía. Dejamos de estar.

Nos situamos en la palabra y no en la experiencia.

La vida está en alta definición, intensa, vívida, real.
Y nosotros pretendemos encasillarla en una ventanita, en una cámara. Como objetos detrás de una vitrina.

Los primeros pasos de nuestros hijos, sus primeras palabras… algunos grabamos para guardar esos momentos para cuando la memoria falle, para volver a ellos después y regocijarnos.

Pero otras veces publicamos para mostrar nuestros tesoros.
Mostrar lo que hemos logrado hacer.

“Yo estuve ahí”.
“Yo compré esto”.
“Yo comí esto”.
“Aquí estoy yo”.

Mostrándonos a través del foco de una pantalla.

De pronto, mis pies caminantes, me empezaron a hablar, y por fin los escuché:

¨Deja de comentar lo que está pasando.
Disfrútalo.
Obsérvalo.
Retén tu atención¨.

Cuando viajé a Japón llevaba una expectativa, aunque intenté minimizarla: obtener mi certificado de doble peregrinación, mi pasaporte dual.

En el Kumano confirmé algo que ya me había sucedido en Compostela: el verdadero objetivo nunca fue llegar a la catedral ni completar los kilómetros necesarios para obtener un sello.

El camino empezó a cambiar cuando dejé de verlo como algo que tenía que lograr.

Porque sucedieron muchas cosas que podrían haberse leído como señales para desistir.

Pero era tan importante tener un papelito que dijera:
“yo lo logré”.

Nos gustan los diplomas.
Los sellos.
Los reconocimientos.

Nos gusta poder decir:
“yo estuve ahí”.
“yo lo completé”.
“yo me esforcé y me dieron un premio”.

Y si soy honesta, todavía hay en mí una niña pequeña que sonríe cuando puede mostrar un logro. Todavía existe el deseo del aplauso, de la celebración colectiva.

Pero el tránsito del camino fue precisamente soltar eso.

Soltar la expectativa de terminar.
Soltar la idea del mérito.
Soltar incluso la idea de postearlo.

Tenemos expectativas, pero no solamente las tenemos: las retenemos.

“Voy a sentirme así cuando tenga esto”.
“Debo lograrlo porque antes no pude”.

Entonces el presente queda suspendido entre ansiedad por el futuro y dolor por el pasado.

Y en lugar de soltarnos a lo que venga, retenemos la experiencia intentando controlarla.

Pero el camino solo decía:
estás aquí.
Elegiste estar aquí.
Eso basta.

Tuvimos un gran imprevisto antes de salir hacia Japón.
Eso nos obligó a empacar rápido, y todo lo que yo había planeado llevar (basándome en mi experiencia anterior) terminó reducido al veinte por ciento.

Pensé:
“cuando lleguemos allá compramos lo que haga falta”.

Y aun así, durante el camino nos dimos cuenta de que tampoco necesitábamos muchas de esas cosas.

Entonces el viaje se convirtió en un ejercicio de gratitud.

En lugar de decir:
“¿por qué me pasan estas cosas?”

Agradecí.

Gracias porque, de otra manera, jamás habría viajado tan liviana.
Gracias porque no quiero controlar la vida en planeaciones detalladas.
Gracias porque el camino me mostró que era posible vivir con menos.

Pero luego me descubro pensando:
“después de Italia me iré a Francia… luego viviré dos años en…”

Y en el instante en que aparece el “después”, ya empecé a enjaular la experiencia futura.

Entonces deja de ser libertad.

Y se convierte en libertad condicional.

“Cuando viva esto, entonces haré esto”.
“Cuando tenga esto, entonces dejaré aquello”.

Hoy intento vivir distinto:
experimentar primero,
y desde ahí elegir.

Elegir si me quedo.
Si me voy.
A dónde voy.

En algún momento transformé la pregunta:

“¿para qué me va a servir este viaje?”

por otra:

“me pongo al servicio del viaje y de las personas que van conmigo”.

Y ahí fue cuando el camino cambió.

Si tengo fuerza, puedo ayudar a la caminante que está cansada.
Si tengo espacio en mi mochila, puedo cargar un poco del peso de alguien más.

No para recibir reconocimiento.
No para ganar aplausos.

Sino porque, de pronto,

el sentido del camino empezó a tomar forma en algo mucho más simple:

estar ahí,

ayudándonos,

caminando al unísono.

One thought on “Libertad condicional

  1. A wonderful account of how we sometimes travel. Your ideas also apply to other areas of our lives, even to creating art or writing. Thank you Pat; you are lucky to have visited Japan, as I see it only from television or in books. 🤗🙏🤗

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